¿Cuáles son los límites de un club de fútbol? ¿Hasta dónde llegan sus acciones e intervenciones? Para la subsecretaría de Marketing de Atlético Tucumán, las fronteras trascienden lo deportivo. El "Decano" es más que un club de fútbol; es un espacio social y cultural donde el hincha se reconoce y se construye como sujeto. Y en fechas donde la memoria aprieta, esa función social cobra una relevancia sagrada.
En el marco del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, Santiago Arias Infante tuvo una idea que nació desde las entrañas: "¿Y si homenajeamos a las Islas usando nuestras camisetas?". El pensamiento no fue azaroso. Santiago es hijo de Gustavo Adolfo Arias, un excombatiente que participó en la Operación Rosario aquel 2 de abril de 1982 y vivió el bautismo de fuego en el Atlántico Sur.
Del dicho al hecho, como dice el refrán, hay un trecho. Pero Rody Gerez Cardozo, miembro del equipo de Marketing, se puso la coordinación al hombro para que esa chispa se transformara en una intervención artística que conmovió a propios y ajenos.
La herencia como bandera
"Soy hijo de un veterano y, para mí, el sentido de pertenencia es algo que se hereda. Soy hincha de Atlético por mi viejo. El motivo fundamental de esta movilización es la herencia: la de las vivencias, la de la pasión y la de los sentimientos", relata Arias Infante, encontrando en los colores del club el puente perfecto con la Nación.
La frase que acompañó la obra en las redes no fue casual: "Su blanco está en los montes, y en su azul se tiñe el mar". Para Santiago, era imposible no remitirse a la marcha. "Quería volcar eso que me interpela tanto con mi viejo y con el club. Lo que más identifica a Atlético son sus colores, que están volcados en la camiseta y están relacionados con la bandera. La frase me pareció perfecta porque es la parte de la marcha donde se menciona a los colores y sentí que todo estaba entrelazado: la canción, la bandera, el club y el homenaje a la Nación", explica.
El desafío de la perspectiva
La producción fue un engranaje colectivo. Mientras Santiago aportó la idea y Rody la gestión, la artista Guadalupe Rearte le dio vida sobre el césped del Monumental y la diseñadora Marisel Tkaczuk realizó la placa gráfica para redes. Las camisetas de Reserva, cedidas por el encargado de indumentaria Mario Ortega, fueron los "píxeles" de este mapa textil y el fotógrafo Nicolás Reynaga las inmortalizó en un disparo.
Sin embargo, plasmar la silueta de las Islas no fue soplar y hacer botellas. "Al principio teníamos miedo de que no se entendiera. Armamos las islas en el centro de la cancha y, cuando 'Nico' (Reynaga) subía a la platea a sacar la foto, parecían solo un montón de camisetas tiradas. Tuvimos que mover la intervención cerca de la salida de los jugadores para encontrar la perspectiva justa y que la gente identifique automáticamente las Malvinas", detalla Santiago sobre el proceso técnico detrás de la imagen que generó revuelo en redes..
Un secreto guardado hasta el final
Hay un dato que revela la nobleza del gesto: Santiago no le confesó a nadie del equipo que su padre era combatiente hasta que la intervención estuvo terminada. "No quería cargar la producción con un sentimiento personal. Quería que fuera un homenaje general para todos los que llegaron a las Islas y los que no, para los que vivieron ese proceso que no hay que olvidar. Pero adentro mío, el motor era mi viejo", confiesa.
La sorpresa para su padre llegó a través de un mensaje cuando las fotos ya circulaban. "Fue una sorpresa, no le comenté nada hasta que empezaron a subir las fotos. Él no es una persona de emocionarse mucho, pero le pareció un gesto muy acorde y se conmovió un montón", comentó sobre la reacción del ex combatiente, que no figura así por a Armada por no entrar efectivamente en combate, a pesar de haber estado en el teatro de operaciones del Atlántico Sur y haber operado en bases de riesgo de combate, según cuenta el protagonista.
Más allá de la camiseta
La intervención de Santiago demostró que cuando una acción nace del corazón, los resultados son contundentes. "Me sorprendió muchísimo la magnitud que tomó. Gente que es hincha de otros clubes me escribió muy emocionada. La obra trascendió a Atlético y generó unión en una época donde hay tantas divisiones", reflexiona Arias Infante.
Al final del día, la obra dejó una certeza: Atlético es mucho más que un equipo de fútbol, es parte de la fibra íntima de su sociedad. "Yo no voy al club solo por el fútbol; voy por la gente, por lo que representa y por lo que somos. Es un lugar de encuentro y de identificación. Es imposible que Atlético no esté relacionado a ese sentir", concluye Santiago, el hijo del combatiente que usó los colores de su pasión para abrazar la historia de su padre.